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carlosmartinez

Sobran las palabras

Probablemente esta película pequeñita (que no independiente, la produce Fox) habría pasado completamente desapercibida o incluso no se habría estrenado en salas de no ser por la muerte inesperada de James Gandolfini en junio. No es su último filme, puesto que dejó otro que está en posproducción, aunque ignoro si allí tiene un papel protagonista como aquí. Sobran las palabras es muy entretenido y sobresalen las interpretaciones de Gandolfini y Julia Louis-Dreyfus, por encima de la media de las comedias románticas actuales y con un tono triste acentuado por la muerte de Gandolfini.  Notable filme.

La vida secreta de Walter Mitty

Recuerdo mal la primera versión del relato de James Thube La vida secreta de Walter Mitty, protagonizado por Danny Kaye en 1947, pero creo recordar que tenía un tono de comedia muy del tono habitual del actor norteamericano que se ha perdido en el remake protagonizado y dirigido por Ben Stiller, mucho más serio y trascendente. En mi opinión, creo que se ha equivocado en el cambio. Stiller ha hecho un filme que me ha parecido pura y llanamente un coñazo new age, una versión en cine de un libro de autoayuda, interminable por su larga duración y por el escaso argumento de la propuesta, en el que echo de menos un poco del humor gamberro de Stiller y del que me sobra tanto viaje de autodescubrimiento y tanto homenaje a la desaparecida revista Life (de no haber desaparecido la edición impresa en 2007, lo hubiese tomado por un spot). Salvo alguna escena suelta como la de la estación y la persecución en las calles de Nueva York, y los estupendos títulos de crédito de Kyle Cooper, lo demás es bastante flojito.

Futbolín

Futbolín, la primera incursión del director argentino afincado en Hollywood Juan José Campanella, deja una sensación agridulce. Este semiremake de su anterior filme Luna de Avellaneda tiene una impecable factura técnica, pero un guión un tanto flojo y previsible, además de sobrarle minutos, antes de llegar al partido decisivo hay unos cuantos minutos de relleno que se podían haber ahorrado. Tampoco ayuda un para mí desafortunado doblaje español, entiendo que el título original argentino (Metegol) habría quedado raro y que se haya cambiado, pero doblar de nuevo una película que ya estaba en castellano no me parece bien. Al filme le doy un aprobado, pero me parece inferior a los otros filmes de Campanella.

Phenomena: Juegos de guerra

 

 

Este domingo Phenomena comienza un miniciclo de películas destinadas a los más pequeños para las fiestas... aunque la primera del ciclo es un tanto inquietante:

Juegos de guerra:

 

Muchos críticos tienden a infravalorar al británico John Badham con la etiqueta de artesano director de taquillazos, cuando tiene algunas películas más que notables, Fiebre del sábado noche, el Drácula protagonizado por Frank Langella y la que yo denominaría trilogía tecnológica, la formada por El trueno azul, Cortocircuito y la que hoy nos ocupa, Juegos de guerra. Filmes que podríamos enclavar en el género de fantástico, pero tan realista y desarrollado en la actualidad que asusta en dos de ellas.

Juegos de guerra parte de un excelente guión nominado al Oscar con una inquietante premisa que se adelantaba en muchas cosas a la era de Internet y los hackers, tanto que alguna palabra usada en informática como firewall fue cogida de esta película. Puede parecer una paranoia muy de la guerra fría que un hacker pueda entrar tranquilamente en el ordenador más moderno del ejército para jugar una "partidita de guerra termonuclear", pero está rodada con tanto realismo por Badham que por momentos da miedo hasta el último segundo del filme, y eso que el director no fue la primera opción, ya que la película fue comenzada por el mucho menos interesante Martin Brest, despedido al poco de comenzar el rodaje; conociendo la filmografía de Brest (de los que conozco, solo me gusta Huida a medianoche, Esencia de mujer me parece un flojo remake de una genialidad de Dino Risi y Vitorio Gassman, y lo demás mejor olvidarlo), creo que el filme habría sido bastante menos logrado. Supuso el lanzamiento de un buen actor como es Mathew Broderick y uno de los mayores éxitos de Badham, al que últimamente solo se le ve por la televisión rodando algunos episodios de series. Excelente película, y una buena demostración que es mejor no jugar a ciertos juegos, en algunos la única manera de ganar es no jugar. Volveremos a hablar más adelante de Badham, en el miniciclo está también programada Cortocircuito.

Nos quedan 28: Una de cal y otra de arena

Los chistes malos suelen decir que hay una noticia buena y otra mala. Eso podemos decir hoy los cinéfilos de Barcelona: bienvenido un cine nuevo, pero desgraciadamente nos hemos quedado con un cine histórico.

Empecemos por el cierre:

Cine Alexandra:

Era un cadáver hace tiempo. En parte por una política de empresa creo que errónea, en parte porque la gente dejó de ir era cuestión de tiempo, había desaparecido una sala histórica de VO, habían desaparecido las sesiones matinales (a precios francamente bajos, con desayuno gratis y con películas más que interesantes), había desaparecido el bar (la última vez que fui me pude meter una bebida de fuera por la sencilla razón de que ellos no tenían)... Solo era cuestión de saber cuándo era el funeral y ha llegado hoy. Lo echaré de menos, era un local justo al lado de donde pasé cuatro años de estudios y durante mucho tiempo fui visitante asiduo a sus salas.

Y ahora el cine que abre:

Balmes Balañà

Le deseo mucha suerte, pero me temo que no han empezado con buen pie. No creo que sea la mejor opción anunciar a bombo y platillo una oferta del primer día a 1 € cuando saben perfectamente que era una oferta muy limitada que se acabó en seguida, y tampoco anunciar como novedosa (la de rebajar la entrada al cliente que vuelve antes de 15 días) cuando ya la hacen unos cuantos cines de Barcelona hace tiempo, incluidos los de la misma empresa. Bienvenidas sus 12 salas de VO, pero espero que en adelante cuiden mejor a su clientela.

Phenomena: Viscosidad + Supersonic man

Este viernes Phenomena cierra su miniciclo Grindhouse de estos últimos meses con un filme de terror gore del que no tengo muchas referencias y con un clásico del cine español más casposo:

Viscosidad:

Casi el comentario de este filme lo debería hacer el Sacerdote, mi consejero en filmes de este tipo, porque yo voy más despistado que un pulpo en un garaje con este filme. Me suenan el título y algunas imágenes del mismo, pero soy incapaz de recordarlo. Tampoco soy capaz de recordar si he visto algún otro filme de su director, William Sachs. Sé que es un filme de terror gore de muy bajo presupuesto de 1977 sobre un astronauta que vuelve de un accidentado viaje a Saturno y empieza a derretirse (el título original creo que es El increible hombre que se derrite), y para evitarlo empieza a matar personas para comérselas. La premisa promete, pero de verdad no sé si es un buen filme o no, así que Sacerdote, si lees esto, me gustaría que me dejases algún comentario al respecto si lo conoces.

Supersonic Man:

Tengo curiosidad por ver cómo ha tratado el tiempo a Supersonic Man, en su momento era casposa a más no poder, pero en vista de lo que disfruté hace unos meses con un desmadre como Apocalipsis caníbal probablemente sea más divertida ahora que en el momento de su estreno, donde era uno más de los típicos intentos de italianos y españoles por copiar el filme de moda de la época.

Y le tengo cariño al publicista valenciano Juan Piquer Simón, hombre que comenzó su carrera como pudo, ya que no le dejaron dirigir al principio por no tener la carrera de cine y cuyos primeros trabajos en el terreno documental fueron prohibidos por la censura franquista. Su mejor película me sigue pareciendo la primera; VIaje al centro de la tierra, estimable adaptación verniana de bajo presupuesto con una de mis debilidades, Jack Taylor.

Supersonic sale de allí, su trabajo gusta a unos italianos que buscaban a alguien para hacer una película de superhéroes barata ya que se preveía que Supermán iba a ser un taquillazo. Piquer decide hacerla en solitario, aunque le cambia por dos veces el título, de Capitán Electric que le sonaba a electrodoméstico a Flash que no pudo utilizar porque se estaba preparando Flash Gordon. Contrató a un actor desconocido italiano llamado Antonio Cantafora con cierto aspecto internacional a lo Terence Hill para cuando iba sin máscara y a un doble enmascarado. El problema es que Cantafora no se afeitó el bigote, y ahí surge la primera cantada: debe ser el primer superhéroe con superdepilado entre sus poderes.

Hay más, una apisonadora (marca ACME) ligerita de peso, unos vuelos que cantan mucho, un robot absolutamente cutre, un helicóptero que se ve a la legua que es una maqueta... El resultado, pura serie Z y considerado por muchos de lo peor de la historia del cine español, cosa habitual en Piquer hasta posteriormente, cuando obtenía con sus slashers más respeto fuera de España. Pero la serie Z lo que tiene de cutrez lo suele ganar en desvergüenza y cachondeo, o sea que yo no me la perdería, además tiene un par de actores respetables como José Maria Caffarell y Cameron Mitchell y al gran Quique Camoiras entre los secundarios. Filme perfecto para un final de ciclo Grindhouse. La canción, inolvidable, y en este caso las he visto bastante peores.

Phenomena: La naranja mecánica + 2001

Este jueves la sesión de Phenomena está dedicada a uno de los directores norteamericanos más conocidos de la historia, amado y odiado casi a partes iguales, Stanley Kubrick. Para unos un visionario y un genio autor de varias de las mejores películas de la historia del cine y para otros un ególatra perfeccionista sobrevalorado y autor de una de las mayores tomaduras de pelo de la historia del cine en forma de monolito. Yo estoy entre sus admiradores, pero que cada uno lo juzgue como quiera, aquí se respetan todas las opiniones. Las dos películas escogidas son probablemente las más famosas de su carrera y con toda seguridad las más polémicas por distintas razones.

La naranja mecánica:

 

En su momento la polémica fue mayúscula, hubo quien entendió esta sátira sobre la violencia y el abuso de poder en un futuro muy cercanno en una apología de la violencia, polémica acentuada por lo salvaje de muchas escenas, el magnetismo del personaje principal, un final algo ambiguo que no coincidía con la novela de Anthony Burgess y las muertes producidas en Reino Unido en el momento del estreno que coincidían con algunos momentos de la película, hecho que produjo que Kubrick retirara la película en ese país, donde no se pudo ver en lustros.

Vista ahora, creo que queda claro que la ironía y la mala uva de Kubrick y Burgess dista mucho de glorificar lo que muestra, de hecho no hay ni un personaje positivo en la película, ni el personaje de Malcolm MacDowell, ni su traicionera banda, ni la policía ni la vengativa víctima. No creo que nadie en su sano juicio piense que la violencia del filme es atractiva, a mí por lo menos siempre me ha revuelto las tripas. Lo que pasa es que Kubrick usa el contrapunto musical y el scherzo (broma en italiano) como nadie en este filme, con la ayuda del compositor transexual Wendy Carlos responsable de los arreglos musicales (en algunas copias se le nombra todavía con su nombre masculino, Walter Carlos), y utiliza en las escenas más bestias músicas alegres como Cantando bajo la lluvia (algunas fuentes dicen que fue idea de Macdowell, pero en un perfeccionista como Kubrick controlador de todo lo dudo) o el Himno alegría de Beethoven, lo que provoca un distanciamiento irónico que puede redundar en pensar en la exaltación de la violencia.

El filme es extraño, tanto como 2001, aunque se entienda mejor. Tiene una soberbia interpretación de Malcolm Macdowell, quien con esta cuarta película suya (la segunda como protagonista, la primera , If, ganó la Palma de Oro de Cannes) se consagró con uno de los personajes más inquietantes y logrados de la historia del cine, que utilizaba un lenguaje bastante particular extraido de varias lenguas. Por si alguien se pregunta a qué hace alusión el título de La naranja mecánica, hay dos teorías: la más conocida, y la que afirma Burgess, es que se refiere a una expresión popular británica, ser más raro que una naranja mecánica, aunque como orange y orang (orangután) se parecen, algunos dicen que se refiere a hombre mecánico, la segunda me parece demasiado retorcido hasta para Kubrick. Peliculón, aunque sus imágenes son muy salvajes en ocasiones.

2001, una odisea en el espacio:

O cómo un ordenador y un monolito cambiaron la historia del cine fantástico y de paso mosquearon a más de uno preguntándose qué rayos significaba el monolito de marras.

Que a la vez es muy sencillo de explicar y muy complejo. Veamos, sigamos la directiva de Kubrick: "Eres libre de especular si lo deseas sobre el significado filosófico y alegórico de 2001". Si hemos de hacer caso a la obra de Arthur C. Clarke sobre la película, la cosa va sobre un contacto con extraterrestres que inciden en la creación de nuestra inteligencia a través del monolito y que luego nos vigilan. Es la explicación más lógica, pero yo añadiría algo más: si los extraterrestres juegan con nosotros de ese modo, cualquier filósofo o experto en teología los podría llamar dioses, y creo que también van por ahí los tiros. 2001 me parece la película más cargada de símbolos religiosos de la historia: ese monolito que en realidad son tres y que puede aludir tanto a las tres religiones monoteistas como a la santísima Trinidad; además conviene recordar que es un rectángulo sin imágenes, desconozco la religión de Kubrick, pero que yo recuerde judíos, musulmanes y protestantes no admiten la representación de Dios como figura humana. Ese alineamiento perfecto en el espacio entre monolito y astros que forma una cruz. Ese ordenador que juega a ser Dios acabando con la tripulación (y que tampoco tiene forma humana). Y finalmente esa especie de feto humano que alguno ha dicho que es el superhombre de Nietzche, pero que a mí lo que más me recuerda es a un ángel asexuado ascendiendo al cielo tras la muerte del astronauta... Demasiadas casualidades y símbolos en mi opinión como para no tomárselo en serio el tema religioso.

Kubrick hizo una obra revolucionaria, de la que se han destacado sus efectos especiales y sus escasos diálogos (aproximadamente unos 40 minutos en una película de casi dos horas y media), edificada en mi opinión como una sinfonía musical clásica en cuatro tiempos: el primero, con el amanecer del hombre, el segundo con el viaje a la luna y el descubrimiento del  monolito lunar, el tercero con el viaje a Júpiter y el conflicto con el ordenador, y el cuarto con el viaje a través del túnel de gusano (Clarke y Kubrick se adelantaron a muchos directores que han utilizado después esta teoría de viajes estelares más rápidos que la velocidad de la luz) y posterior muerte y transformación del astronauta. Consiguió un filme bellísimo, intrigante, de un poderío visual como pocas veces se ha visto en una pantalla de cine (verlo fuera de ella es casi un sacrilegio, no es el mismo 2001) y de un poder de abstracción inusual en el cine (siempre lo comparo con ver un cuadro abstracto, está abierto a múltiples opiniones, solo hay que dejarse llevar), con la elipsis más memorable de la historia del cine, la que convierte un hueso lanzado al aire en un arma nuclear (más de uno la sigue confundiendo con una nave espacial) y con uno de los iconos de la historia del cine, el ordenador HAL 9000 (el nombre viene de que a Kubrick la IBM no le dio permiso para dar su nombre a un ordenador asesino; decidió cambiarles las siglas por las letras inmediatamente anteriores del abecedario), quien en un ataque de "humanidad" decide acabar con la tripulación cuando esta decide apagarlo por su fallo de funcionamiento. Para mí y para muchos una obra maestra, aunque sus detractores siguen pensando que es lentísima (tiene el ritmo de un ballet espacial) y que no se entiende el tema del monolito.

Me queda por comentar alguna cosa sobre la música y sobre la influencia en el cine fantástico posterior. Creo que es la primera vez, y a partir de ahí el director lo hará siempre, que no usa música original, sino de otros compositores como Johan y Richard Strauss y Ligetty. Tenía música original compuesta por Alex North, pero por razones que creo que solo Kubrick conoce, decidió eliminarla sin previo aviso a North, quien se sorprendió por lo que parece la noche del estreno cuando vio su banda sonora eliminada. Curiosamente, hay una leyenda por ahí de que los últimos minutos del filme, que se inspiraron e inspiraron en la psicodelia de aquellos años, originaron una de las composiciones de Pink Floyd, Echoes, cuya duración es aproximadamente la misma que el final de 2001. Alguno ha intentado combinar película y canción (el resultado está en Internet, os dejo el link, http://vimeo.com/5255919) y hasta le parece que cuadran, yo lo he oído y visto  y a mí no me gusta nada el resultado, cada uno es libre de opinar libremente.

Fue una obra fundamental y muy copiada por cineastas en los años posteriores que llenaron las salas con películas fantásticas de tipo "filosófico". La más famosa es la rusa Solaris, coñazo mayúsculo de tres horas de Tarkovski que es cierto que tiene ínfulas filosóficas, pero que no hay dios que la aguante y que la entienda (y la versión americana con George Clooney, idem de lo mismo, aunque nos ahorra hora y media de película), y en la que además no está tan clara la influencia, puesto que la novela en que se basa creo que es bastante anterior a 2001. La mejor influida por 2001 para mí la dirigió el responsable de efectos especiales de 2001, Douglas Trumbull, se llama Naves misteriosas y es una preciosa miniatura fantástica con un gran Bruce Dern como protagonista. Asimismo, 2001 tuvo una secuela tardía 2010, mucho menos interesante y que fue un gran fracaso comercial, 2001 tampoco fue un gran éxito en el momento de su estreno ni de crítica ni de público, pero el tiempo la ha puesto en el lugar que merece.

Necrológica

Esta muerte no ha sido tan sonada como las dos de los últimos días, pero forma parte de la historia del cine español, y qué parte, descanse en paz:

Lolita Sevilla:

Teóricamente era una película cómica más con folclórica de la época, para el lucimiento de la cantante. En realidad,  Bienvenido Mr. Marshall era todo un torpedo en la línea de flotación de la dictadura franquista y el aperturismo hacia USA que comenzaría precisamente en 1952, que afortunadamente no vio la censura, tan cegata para algunas cosas y tan patéticamente tiquismiquis en otras. El resto de la filmografía de Sevilla es pura españolada, pero sus Americanos os recibimos con alegría es historia del cine español

Necrológica

´Las desgracias nunca vienen solas. Tras la muerte ayer de Peter O’Toole, hoy llega la  noticia de la muerte de otra gran actriz. Descanse en paz:

Joan Fontaine:

 

 

 

No tengo más remedio que hablar de su "relación" con su hermana mayor Olivia de Havilland, se odiaban a muerte, no queda claro si por una boda o por celos profesionales (Fontaine ganó el Oscar antes que Olivia y dicen que no le sentó muy bien a la hermana mayor). El caso es que a veces se ironizó sobre la longevidad de ambas diciendo que ninguna se quería morir para darle el gusto a la otra de quedar viva. 

Disputas familiares aparte, Fontaine demostró muy pronto que era tan buena como su hermana, una actriz dotadísima especialmente para el melodrama y el policíaco y la primera chica Hitchcock de su etapa americana. De su filmografía destaco Sospecha (su Oscar), su versión de Jane Eyre con Orson Welles de coprotagonista, Carta de una desconocida, Más allá de la duda (genial último filme americano de Fritz Lang), Dos pasiones y un amor y la tardía, pero recuerdo muy especial para los niños de los años 60 Viaje al fondo del mar. Pero por encima de todas, la inolvidable Señora de Winter del debut americano de Hitchcock, Rebeca; no le hizo falta que se supiese el nombre de su personaje (se desconoce tanto en la novela como en la película para hacerlo más insignificante) para convertirla en inmortal junto con el ama de llaves y una muerte a la que creo que nunca se le veía la cara ni siquiera en retratos. Como curiosidad, era japonesa de nacimiento, su padre era un abogado instalado en Japón con su familia.

Necrológica

Hoy nos ha dejado todo un mito de la historia del cine, un actor que en ocasiones era tendente al exceso, pero que tenía una de las miradas más bellas del séptimo arte y que nos ha dejado un buen puñado de películas inolvidables. Descanse en paz:

Peter O’Toole:

 

Aunque casi lo más sorprendente es que haya vivido 81 años dados sus notorios problemas con el alcoholismo que le destrozaron todo el aparato digestivo. O’Toole siempre fue puro exceso e incluso en sus mejores momentos tendía al histrionismo, pero pocos actores han dotado a sus personajes de la humanidad y el carisma que les dio este gran actor irlandés. Su carrera está marcada, cómo no, por el personaje que le lanzó al estrellato, Lawrence de Arabia, imposible olvidarlo con la cerilla en la mano o en lo alto del tren; pero no hay que olvidar Los dientes del diablo, el díptico sobre Enrique II formado por Becket y El león en invierno, Lord Jim, La noche de los generales, Adiós Mr Chips, La clase dirigente (su papel más estrafalario y delirante sin duda), Mi año favorito o El último emperador. Tiene el record de actor con más nomincaciones al Oscar que no ha ganado la estatuilla, ocho, tuvo la mala suerte de que Lawrence coincidiese con una genialidad de Gregory Peck llamada Matar a un ruiseñor y le robaron uno que merecía del todo, el de El león en invierno, Clift Robertson en Charlie no le llega ni a la suela del zapato.

12 años de esclavitud

Todavía es pronto para saber si 12 años de esclavitud será la gran ganadora de los Oscars de este año y el primer Oscar para un director negro, aunque parte como favorita en todas las quinielas. Lo merece. Para muchos puede considerarse la consagración de cara al público del británico Steve Macqueen, pero ya llevaba mucho tiempo avisando, los que conocimos en la Fundación Tapies su corto sobre la bajada a una mina surafricana ya vimos que ahí había mucho talento. 

12 años de esclavitud es para mí el mejor filme sobre esa aberración que han realizado multitud de pueblos llamada esclavitud (nosotros no nos libramos ni mucho menos, recientemente he leido el dato completamente cierto de que no se abolió en España hasta 1886 y me da vergüenza saber que en mi ciudad, Barcelona, nadie se ha molestado en retirarle el nombre de una céntrica plaza a un conocido esclavista, Antonio López, y que se mantienen los nombres de calles de otros 13 personajes que la apoyaron por activa o por pasiva públicamente). La trama, basada en el libro escrito por el propio personaje a partir de sus vivencias, completamente kafkiana, un hombre libre secuestrado por dos monstruos previo engaño, y más kafkiano el final que no comentaré para no hacer spoiler sobre lo que se cuenta en los títulos de crédito. Macqueen muestra sin tapujos y magistralmente todo el horror de la situación, unas veces con sonido (el primer sonido de las cadenas y los golpes que no  vemos de la primera escena es lo más terrorífico que he visto últimamente en una sala de cine), otras veces en plano secuencia (Macqueen tiene siempre muy buena mano con ellos, pero el del ahorcamiento es brutal) y otros mostrando la brutalidad de un sistema que convirtió a gente honorable en cómplice de la sinrazón (el personaje de Benedict Cumberbatch) por no saber o no querer dejar de hacer lo que era tradicional. Geniales las interpretaciones de los dos protagonistas, un Chiwetel Ejiofor cuya cara muestra todo el horror que vive (y que sostiene como nadie que conozco la escena del ahorcamiento) y un Michael Fassbender que hace uno de los personajes más brutales de los últimos años, los dos van derechitos a la estatuilla. Gran película, aunque alguien puede pensar que Macqueen se ha pasado mostrando las salvajadas, yo creo que no, eso sí, espero que sirva el filme para que alguien se anime a estrenar en salas ese otro mazazo que es Hunger.

El Hobbit: la desolación de Smaug

Me temo que por las primeras reacciones en Internet vamos a tener con el segundo acto de El hobbit (se pongan como se pongan los puristas y los críticos, esto es una sola película en tres partes, al igual que El señor de los anillos, no son tres películas que se pueden juzgar independientemente) el mismo conflicto que con el primer acto: que si es una traición a Tolkien (las licencias son notorias, especialmente en los elfos y en la aparición de la fortaleza de Dol Gurdul, que en el libro original no estaba, creo, solo en los apéndices añadidos posteriormente, que si es demasiado infantil, que cómo se les ha ocurrido hacer tres películas a partir de un libro de 200 páginas, que si Orlando Bloom es un actor pésimo (esto lo suscribo)...

Pues bien, yo tengo que hablar desde el punto de vista cinematográfico, olvidarme de los puristas, de los críticos, de la síntesis, de la elipsis y del libro de Tolkien. Esto es un espectáculo de primera. Aparte de un cameo hitchcokniano, la aparición en la primera imagen de Jackson es casi una declaración de principios, como si el director nos invitase a entrar en una gran montaña rusa de aventuras. Filma con gran maestreza las escenas de acción de las arañas, la huida en el río y el climax en Erebor (a quien le parezca alargado y con multitud de licencias respecto a Tolkien, yo simplemente le digo que a un icono como Smaug no se le puede despachar en cinco-diez minutos como algunos pretenden, su presencia es demasiado poderosa y aterradora como para no aprovecharla), sigue acentuando la tristeza en el personaje del jefe de los enanos (sin entrar en  spoilers para el tercer acto, no es nada casual) y tiene un gran cuidado en el diseño de las escenas, de gran fuerza la ciudad del lago y especialmente la terrorífica fortaleza de Dol Gurdul, donde se esconde el Nigromante, personaje que aunque no se conozca esta escena uno ya se imagina quién es y cuya revelación de su personalida me gusta mucho. Y el filme tiene estupendas interpretaciones de Martin Freeman, Ian Mackellen y un casi irreconocible Stephen Fry, aunque Bloom y Evangeline Lily no están a la altura.

Y queda un final abierto, ojo puede sonar a spoiler. Los que conocemos el libro nos sorprende un corte final tan brusco cuando el conflicto con Smaug está a punto de concluir, pero hay un detalle que me hace pensar en una nueva licencia de Jackson respecto al libro, el Bardo no puede estar donde tiene que estar en ese momento, y Gandalf da la impresión de que tardará bastante en aparecer, me da la impresión de que Smaug va a estar en el filme más tiempo que en la novela, ya veremos. Nos queda la Batalla de los Cinco Reinos y sus consecuencias, de momento la trilogía me está gustando mucho más que a otras personas, veremos si sigue a la altura el tercer acto.

3 bodas de más

A pesar de mi aversión a las bodas en general (a cualquier festejo o reunión a lo bestia, bodas, bautizos, comuniones y entierros) y a los filmes de este subgénero de comedia, he de reconocer que el nuevo filme de Javier Ruiz Caldera me ha sorprendido gratamente. No es redonda, es muy previsible (se ve venir desde el primer fotograma con quién se quedará la protagonista) tiene bajadas de ritmo, algunos gags son demasiado bestias para lo que es el conjunto (en el flashback de la novia paralítica de Quim Gutiérrez se han pasado tres pueblos) y me da la impresión de que Paco León solo tiene un registro interpretativo. Pero es una muy simpática comedia muy por encima de la media, tiene un muy buen ritmo cómico en general, y tres actores especialmente en estado de gracia, una Inma Cuesta que borda un papel cómico poco habitual hasta ahora en su carrera, una Rosy de Palma descacharrante como madre de Cuesta y sobretodo un Berto Romero que demuestra en cine que es hace tiempo mucho más que el "sobrino" de Buenafuente, tiene los mejores momentos de la película y sería una injusticia que no estuviese como mínimo nominado a actor revelación en los Goya. Una grata sorpresa de un Ruiz Caldera que es ya más que una promesa.

Le weekend

Han empezado a llegar algunas listas de lo mejor del año (no me explico cómo las han hecho ya, faltando dos semanas para acabar el año y con filmes importantes por estrenar), y me causa sorpresa la inclusión en algunas de Le weekend, pequeñito filme de Roger Mitchell muy bien interpretado por su trío protagonista y entretenido, pero que en mi opinión peca de algo tópico (por mucho que siempre nos quede París, tanta postal de la capital francesa cansa) y de innecesariamente estirado para lo que cuenta. Vale la pena verlo porque Jim Broadbent es uno de los mejores actores de comedia vivos (pocas veces lo he visto mal), porque Linsay Duncan le da la perfecta réplica y porque Jeff Goldblum tiene por fin un papel decente después de años de carrera desperdiciada en cine. Pero yo no la pondría entre lo mejor del año, para mí merece un aprobado alto, nada más.

Carrie

Que conste, si me cargo este engendro llamado Carrie no es por mi devoción por el estupendo filme de Brian de Palma y porque parezca una fotocopia del mismo, porque no la parece. Es porque es mala, patética, porque en un burdo intento de modernizarla con menciones a Internet han hecho el ridículo, porque Chloe Grace Moretz actua como el culo (la comparación con la Sissy Spacek original no merece ni hacerse) y porque el climax final da carcajadas más que miedo de tan mal hecho y estirado que está (y con variaciones penosas respecto al original). Se salva Julianne Moore, el aterrador parto con el que comienza la película es lo único salvable, lo demás es uno de los peores remakes de este año.

Phenomena: Supermán IV + Masters del Universo

Este domingo, Phenomena programa la segunda parte de su miniciclo dedicado a Cannon Group, con dos de los filmes quizás peor recibidos por crítica y público y que empiezan a marcar el declive que hará que en dos años empiece a desaparecer la productora:

Supermán IV:

Se les fue de las manos. Los hermanos Salkynd vendieron los derechos al mejor postor tras no funcionar del todo bien la tercera entrega y de pegársela bien gorda con Supergirl, y allí llegó Cannon, que pretendía hacer al menos dos películas sobre el hombre de acero. Aún cuesta comprender cómo un grupo como Cannon se metió en una película que requería un presupuesto alto-medio sin una base sólida, y en pleno rodaje y posproducción tuvieron que reducirlo a la mitad. Se nota en los efectos especiales, casi de saldo si los comparamos con las primeras, se nota en la mala elección del villano (que encima no puso ni la voz, le tuvo que doblar Gene Hackman en la versión original) y en el ridículo traje,  se nota en su exiguo metraje, unos 90 minutos que se hacen hasta largos, se nota en la elección de un director poco adecuado, el mediocre Sidney J. Furie... El resultado, calamitoso, las críticas fueron deplorables y la taquilla peor, en algunos países solo se vio en vídeo. Cortó de raiz la continuación de la saga, y fue un triste final para Christopher Reeve y su icónico personaje, que había sido reacio a protagonizarlo, pero que le convencieron a cambio de protagonizar otro proyecto, la anterior El reportero de la calle 42. Del desaguisado solo se salva como siempre Gene Hackman, lo demás para olvidar.

Masters del Universo:

La película es mala de narices, pero hay que reconocer que es pionera en su género, si la memoria no me falla fue la primera vez que a alguien se le ocurrió utilizar unos juguetes muy de moda en los años 80 para hacer una película. Ningún intento hasta la fecha de sacar filmes de juguetes ha sido bueno, pero poco se podía esperar de utilizar a un armario de dos metros de la patria de Ikea (y de la misma expresividad que los muebles de la marca sueca) llamado Dolph Lundgren. El resultado, en su momento patético, por mucho que tuviese sus fans (no en taquilla, donde también fue un gran fiasco comercial, tanto que se preveía una segunda parte en los títulos de credito que nunca se rodó), visto ahora seguramente provocará unas cuantas carcajadas como pasó el día de Invasión USA. Lo único aceptable es Frank Langella como Skeletor, lo demás solo apto para nostálgicos o gente con ganas de cachondeo.

Phenomena: Lo que el viento se llevó

Este miércoles Phenomena proyecta uno de los mayores clásicos del Hollywood dorado, quizás el más recordado por muchas generaciones y uno de los más exitosos de la historia, si no el que más. Sin embargo, y valorando mucho su indudable valía artística, tengo muchas reticencias hacia él moralmente:

Lo que el viento se llevó:

Y como buen abogado del diablo que soy, empecemos por lo que no me gusta. Se pongan como se pongan los admiradores, hay algo que me repele, y es lo mismo que con otra obra maestra como es El nacimiento de una nación. Aunque dulcifique algo la novela, donde se hablaba claramente del personaje de Leslie Howard como uno de los fundadores del Ku Klux Klan (y en mi opinión con cierta simpatía por parte de la autora, o al menos con cierta comprensión), es un filme profundamente racista, los negros no son más que meras comparsas o por momentos ridiculizados aunque una actriz ganase el Oscar, y se acentúa todavía más en el doblaje. Muchos dicen que era cosa de la época, y es cierto, en los años 30 el Klan campaba por sus respetos e incluso tengo constancia fílmica de manifestarse tranquilamente por el centro de Washington sin que nadie les molestase. Pero eso no lo hace menos abyecto para mí el mensaje de añoranza del viejo Sur y lo que representa.

Eso sí, este filme de David O. Selznick (teniendo en cuenta cómo las gastaba el director con los directores, casi hay que considerarlo el autor de la película, no los cinco directores que se conocen) desde el punto de vista artístico es irreprochable. Mezcla con gran habilidad el melodrama más desaforado y la épica y cuenta con un reparto de lujo, encabezado por una pareja mítica.

La elección de Scarlett O’Hara trajo tela como siempre se ha dicho. O. Selznick no acababa de encontrar a la actriz que quería y yo creo que rara es la actriz de la época que no pasó por favorita para hacer el papel, la lista es tan larga que no la reproduciré aquí. Le llegó casi en el último momento y con el rodaje empezado una actriz británica desconocida llamada Vivien Leigh que era esposa de Laurence Olivier. Le convenció al productor y a todos lo que ven la película. Su A dios pongo por testigo pone los pelos de punta siempre, no en vano es el momento elegido para poner el intermedio en los cines (curiosamente, es la única escena del filme de la que se ignora quién la dirigió). Ganó un Oscar más que merecidamente.

Su partenaire está a la misma altura. Clark Gable es el perfecto Rhett Butler, el simpático granuja capaz de venderse al mejor postor y perdidamente enamorado de Scarlett. Memorable su escena final con el "Me importa un rábano", que suena mucho mejor que el ridículo "Francamente querida, eso no me importa con que lo conocemos aquí. En una decisión sorprendente y "salomónica", se quedó sin Oscar; cuando parecía que el duelo sería encarnizado con James Stewart por Caballero sin espada, se lo llevó un tercero con bastantes menos méritos en mi opinión, el hoy olvidado Robert Donat por Adiós Mr. Chips. En el debe de Gable hay que poner la leyenda bastante fundamentada por lo que parece de que fue el responsable del despido de George Cukor, conocido director homosexual que parece que sabía algún secretillo del actor o que había tenido un lío con un amigo de Gable y este temía que lo tomasen también por homosexual.

Menos agradecido quizás, pero clave en la trama es Leslie Howard en el papel del jefe del Ku Klux Klan y objeto de las atenciones amorosas de Scarlett. Howard tuvo una extraña muerte en un accidente aéreo en las costas gallegas, todo parece indicar que mientras espiaba para los aliados durante la Segunda Guerra Mundial y nunca ha quedado claro si lo derribaron a propósito. No es el mejor papel de Howard ni mucho menos, le prefiero en las deliciosas Pigmalión y La Pimpinela Escarlata.

Inolvidables también Olivia de Havilland como la prima de Scarlett y esposa de Howard (la única que queda viva del filme con 98 tacos), Hattie  McDaniel como la criada Mammy (la primera intérprete negra que ganó un Oscar) y Thomas Mitchell como padre de Scarlett (ganó el Oscar ese año pero por La diligencia, muy merecidamente por cierto) y gloriosa la banda sonora de uno de los genios de la música de cine, Max Steiner. Como curiosidad, el decorado del incendio de Atlanta no es otro que el que se utilizó para King Kong, destruido para hacer la escena. Lo que el viento se llevó arrasó en los Oscars de 1939 (al año siguiente O. Selznick sería el primer productor ganador de dos Oscars seguidos por otra memorable, Rebeca) y sigue siendo un gran espectáculo, con grandes momentos como los ya citados y con grandes interpretaciones, pero me sigue pesando el tema del racismo, yo no la pondría entre mis 25 películas favoritas de todos los tiempos.

Necrológica

En las últimas horas nos ha dejado una gran actriz del Hollywood clásico, descanse en paz:

Eleanor Parker:

 

Su periodo de gloria es relativamente corto, unos diez-quince años, pero brilló en grandes interpretaciones en Sin remisión, Scaramouche, Fort Bravo, Brigada 21 y en mi preferida de todas, Cuando ruge la marabunta, en un memorable duelo con Charlton Heston que echaba chispas. En su periodo ya de declive, le llegó uno de los papeles más recordados por el público, la baronesa de la comentada aquí la semana pasada Sonrisas y lágrimas. Gran actriz quizás un tanto olvidada en los últimos años.

Plan de escape

Como los rockeros, los héroes de acción parece que nunca mueren o al menos se resisten a jubilarse. Plan de escape es un intento más de Sylvester Stallone y Arnold Schwarzenegger por permanecer en el candelero, a pesar de que a sus sesenta y pico años ya no parecen para muchos trotes, especialmente Stallone. No pasa de discreta, el guión es bastante flojito y con agujeros muy gordos en el guión, con historia de cárceles llena de tópicos y la sorpresa final es más que previsible, se ve venir desde el principio del filme quién ha contratado al personaje de Stallone para montar una fuga de una cárcel de alta seguridad, aunque el lugar en que está instalada es bastante original. Destacar la presencia de James Caveziel como villano y la presencia de un no acreditado en los carteles Sam Neill como médico de la prisión. El filme no molesta demasiado y no aburre, simplemente es para pasar un rato entretenido.

 

 

 

 

Mis dias felices

Si no fuese por la presencia de la estupenda actriz francesa Fanny Ardant, este filme no pasaría de discreto, otra tontería geriátrica (no solo los americanos las hacen por lo que parece) sobre jubilad@ (me da igual el sexo del protagonista, todas están cortadas por el mismo patrón) que echa una cana al aire con una persona mucho más joven, completamente previsible y poca cosa que destacar. Si no es para olvidarla completamente en por Ardant, a la viuda de Truffaut no le recuerdo en toda su carrera una mala interpretación y aquí hace creible un personaje poco interesante.